Y qué más da si tú crees en la reencarnación y él en la segunda oportunidad

Estos días estoy pensando mucho en el más allá, debe de ser porque, con los años y los muertos propios y ajenos, a una le da por pensar en estas cosas tan trascendentales. He de decir que hace tiempo que esto me inquieta: se acaba todo, digo lo mío, con mi muerte o hay algo más allá. Y, en caso de que lo haya, qué es el más allá; es un más allá que está en la tierra, es otra tierra, un universo paralelo, quizás, o la opción más aburrida, por manida y mil veces escuchada, del cielo y el infierno.

Vaya por delante que yo creo que la vida no es justa, al menos no para todos. Los hay ricos felices, ricos infelices con tragedias familiares para escribir un libro, gente normal de vida apacible como el nacer, vivir, comer, dormir y morir, pobres de solemnidad, asesinos en serie, personas nacidas en países que se las traen y personas que hacen que esos países se las traigan. En cualquier caso, el tema no está muy equilibrado, que se diga. Por esto me gustaría creer en la reencarnación, como si todo esto, la vida (o las vidas) fuera una suerte de juego en la que todos llegamos al final con la misma cantidad de momentos felices e infelices. Para que esto suceda, y siempre en mi imaginación, tiene que existir la reencarnación o, al menos, un puñado de universos paralelos. Sólo así cuando te mueras, si tu vida ha sido plena, pues te tocará una un pelín más puñetera y llorarás un poco más, por ejemplo. A los que nacen en lugares en guerra, les tocará vivir en un pueblo con vistas a mar y montaña y con buen clima. Y así sucesivamente, hasta que todo quede compensado y lleguemos a la puntuación final, que es cuando nuestra vida (vidas) se acaba y ahí ya me pierdo y no sé por dónde seguir mi sueño.

El caso es que quiero creer que algo tiene que haber, pero sólo por el hecho de no dejarme caer en la desesperanza de la última paletada de tierra encima de tu cadáver y chispum. O la última llamarada, en caso de incineración. Quiero que haya algo más. Incluso me conformaría con el tema del infierno, el cielo y el purgatorio, llegados el caso. Al menos sería algo y es verdad que iría en línea con mi pensamiento anterior, el del equilibrio de la suerte y la desgracia aleatorias en el mundo. Porque no me digas que no es suerte haber nacido donde hemos nacido, con eso ya tenemos bastante ganado, política y situaciones transitorias aparte. Con esto empezamos la vida con ventaja sí o sí. Que luego la fastidiemos nosotros o que nos curtan las desgracias familiares o cercanas, es otra cosa. En principio, así tenemos ya parte del cupo de suerte cubierto, no lo olvidemos, porque lo de olvidarnos de esto lo llevamos en la sangre. Incluso cuando nos sentimos desgraciados, deberíamos volver al punto de partida, al menos con el pensamiento, y valorar lo que tenemos. Que no digo yo que entonces ya, en nuestras circunstancias, no podamos sufrir y penar, no. Porque todo es relativo y cada uno vive en su realidad, esto que se dice tanto, pero, quizás, si ponemos en perspectiva nuestros problemas y los comparamos con los que puede tener nuestro alter ego, pongamos, africano, pues quizás, y sólo quizás, podemos avanzar y encararlos de otra manera.

Al lío, que me pierdo. La reencarnación infinita, que es otra idea que se baraja por ahí. Hablemos de ella, que mira que es cansado el pensar en estar permanentemente y por los siglos de los siglos dando vueltas a la rueda para, quizás, volver al punto de partida y acabar siendo Carmen Prieto Remón en algún momento más allá o en otro lugar, puede que con otro nombre, pero yo, al fin y al cabo. Yo estoy contenta con mi vida y con lo que me ha tocado en suerte, no voy a decir otra cosa, quizás un poco más de tetas, si se puede pedir, algo más de altura… por pedir que no quede, pero lo que son las cosas importantes, la familia y los amigos, las tengo bien cubiertas. Así que, si lo pienso, no me apetece reencarnarme, ni de forma indefinida ni hasta completar los puntos para poder terminar el juego. Claro que no sería justo para los que no han tenido tanta fortuna, vaya lío, Mari Loli.

En realidad, qué más da paraíso, que reencarnación o que chispum y se acabó, porque todo esto forma parte del imaginario colectivo o individual de cada uno, porque no deja de ser algo en lo que creer, un clavo al que agarrarse y en el que buscar esperanza, incluso para los del chispum y puerta, que no deja de ser una certeza y eso, hoy en día, es una maravilla. Tener certezas es necesario; imprescindible, diría yo. Si no las tienes, pues sufres, no en plan me corto las venas, qué dolor, pero sí sufres por la incertidumbre, por las preguntas que te haces y por las que te encuentras. De ahí mi deseo de un algo más allá de la muerte o, al menos, de una certeza. Porque yo soy muy de categorizar y querría poder categorizar también con mi futuro más allá de mi cuerpo. Abuelos, tíos y demás familia, manifestarse y contarme qué tal os va y en qué dirección me muevo. Por favor y gracias.

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